jueves, 1 de diciembre de 2011

Niño ranchero

Era una vez un niño ranchero que decidió que era hora de buscar a la niña más hermosa del mundo para proponerle matrimonio. El vivía en un rancho en lo más alto del cerro, ninguna de sus campesinas le gustaba. Aunque, de parte de ellas era todo lo contrario las campesinas lo adoraban y todas querían ser su prometida. Llegó al punto que se hartó y decidió aventurar a más allá del cerro donde solo los adultos valientes se atrevían a ir, a la Gran Ciudad en busca de su prometida.
                Antes de partir a su aventura empacó sus cosas y preparó a su pequeño caballo de sangre pura blanco como la nieve y ligero como una pluma. En su morral llevaba el anillo de compromiso el cual ha sido heredado por cinco generaciones atrás, su traje negro de gala (estilo Chalino Sánchez) y unos cuantos dólares que la había mandado su padre del extranjero para cuando se presentara esta situación. Con una mirada de determinación salió el niño ranchero del rancho pero, a la salida ya lo estaba esperando su sabio abuelo. Nada más le menciono “hijo mío este viaje va ser su prueba de hombre y tenga mis bendiciones pa´ que vuelva con su prometida y cuando necesite un consejo silbe tres veces al viento para poder proyectar mi voz”.
                Al llegar el atardecer el niño ranchero ya había bajado el cerro, gracias a su pequeño caballo blanco saltando sobre piedras grandes, huyendo de las mordidas de víboras venenosas , también evitando las espinas de las rosas negras que con un simple rozón de estas espinas todo hombre pierde su alma. Los aventureros ya estaban cansados y llegaron a la carretera donde pasaban coches a velocidades altas y con ojos brillantes q alumbraban el camino de noche. Ya era media noche y los vehículos dejaron de pasar todo estaba obscuro y en silencio. Pararon por un momento para tomar un descanso, de repente sale un búho y ofrece su ayuda para guiarlos hacia la ciudad. Así que, el pequeño ranchero y su caballo van corriendo a toda velocidad con la guía aérea y nocturna del búho.
                Por la mañana llegaron a la Gran Ciudad el búho se despidió y regreso a casa. Sorprendidos por la gran diferencia entre su hogar y esta ciudad. Asombrados por las luces, los automóviles, toda la gente. Lo que más les gusto fue la variedad de comida, se dieron su buen festín para recuperar energía. Al estar casi completamente lleno se le antojo algo dulce, así que dirigió hacia la nevería  donde vio a la niña más hermosa, linda y tierna del mundo su búsqueda había terminado. Ella era la niña fresa, el niño ranchero como todo un caballero le invito su nieve. Se enamoraron sabían que estaban destinados uno para el otro. De repente aparece la tía malvada que también es una bruja a impedir este amor. Devastados por las intenciones de la malvada tía bruja, el pequeño ranchero silbo tres veces al viento haciendo que su abuelo sabio viniera corriendo hacia donde estaban ellos. Agitado, llego el abuelo sabio pero cuando vio a la malvada tía bruja  empezó a coquetear con ella (por cierto el abuelo era todo un Don Juan) tanto fue el alago que desaparecieron los dos y se cazaron. Dejando libre a la niña fresa y el niño ranchero había cumplido su misión se llevo a la niña fresa a su rancho en el cerro donde vivieron felizmente al igual, que el sabio abuelo y la malvada tía bruja.